Palabras mayores, el libro

Puede que uno no tenga dudas sobre si se debe decir cocleta, cloqueta o croqueta, o si debe admitir o no algunos barbarismos —aunque digamos con soltura jamón con aceite y tomate—. Puede que escribas tranquilamente «2 x 1» en vez de «2 × 1» o que uses alegremente las comillas inglesas mientras nuestras comillas [« »] te miran con rencor. O puede que seas de esa clase de gente que no se horroriza al ver en el Metro de Madrid «El tren efectuará su entrada en la estación».

Presentación del libro

Entonces, este libro es para ti. Y si, por el contrario, dudas y sufres con cada uno de estos ejemplos, entonces, este libro también es para ti. ¿Por qué? Desde luego, porque nuestra editora nos ha prometido un suculento porcentaje de las ventas, pero sobre todo porque es un libro raro: un libro de divulgación del lenguaje y entretenido. Y práctico. Puedes seguir nuestras recetas y recomendaciones y luego afirmar en las reuniones, con el dedo índice alzado, con el orgullo y la autoridad de un auténtico cuñado lingüístico eso de «Yo lo sé porque lo he leído en un libro». No es que tengamos mucha autoridad, pero sí la tienen nuestras fuentes que hemos masticado, deglutido y asimilado para ti. Sí, no es un ejemplo atractivo si no eres un pingüino.

No puedo decir mucho más a su favor. No es un libro serio, pero ¿quién quiere aprender con un libro serio?

Los que formamos Palabras Mayores hemos tratado de llevar al papel lo que contamos en nuestro ¿show? y ha salido este libro. No te fíes de mí, pero haz caso, por favor, a Alberto Gómez Font, a Jorge de Buen y a Xosé Castro. Es gente formal pero necesitada de cariño. Apreciarán mucho que los tengas en cuenta en tu próxima lectura.

Y si no te fías, échale un ojo a una de sus 199 recetas que te regalo más abajo.

Ánimo, no te llevará más que tres minutos y te acompañará el resto de tu vida.

Que lo disfrutes.palabras mayores

Antonio Martín.

[Palabras Mayores, el libro. 199 recetas infalibles para expresarse bien. Vox. 2015]

Lo correcto y lo incorrecto

Todo corrector que comienza a trabajar sueña con una normativa que dé respuesta a todos los problemas. De hecho, lo ideal es que todo lo que se salga de la normativa sea un error, pero la vida siempre viene a contradecirnos. Nuestro sueño de ángel exterminador con una espada de fuego que salva y condena las palabras, se desvanece. Por ejemplo, la palabra pichicha no aparece en los diccionarios de referencia, pero si te la encuentras en un texto de una revista de vinos castellanomanchega, te aseguro que los paisanos que la lean la considerarán correcta: sabrán que es un vino de restos de cosecha, hecho con las uvas que quedaron en las cepas, las que no se recogieron entonces por no estar aún maduras. Se podría decir que significa que si este vino es pichicha, “no está mal sabiendo con qué materiales se ha hecho”. Una palabra de una precisión asombrosa. No es precisamente un neologismo ni mucho menos un barbarismo o un anglicismo. Esa palabra puede llevar siglos circulando y funcionando como un reloj. Se parece mucho a pichancha, “cosa apreciable que se adquiere a poca costa” que usan en Argentina, Uruguay y Paraguay, con la diferencia de que allí es un sinónimo de ganga (lógica relación con pichicha si sabemos que las uvas que quedan en la cepa tras la cosecha te las puedes llevar sin pagar por ellas).

Por no contar con un número de apreciable de registros escritos –ni tan siquiera aparece en el Google ngram viewer– esta palabra no ha llegado más allá de su contexto local. Pero un corrector no puede suprimirla alegremente. Tiene que documentarse y preguntar al autor qué quiere decir ese término; sugerir al responsable de la edición que explique esa palabra al lector.

palabrasmayores

Permíteme un símil para nuestra argumentación sobre lo correcto y lo incorrecto: qué está mal y qué está bien es como trazar una línea de costa para saber dónde está el mar y dónde la tierra. Una sólida roca en un promontorio nos sirve para tener la seguridad de que ahí tenemos suelo firme, y unos metros más allá, sobre la cubierta de un barco, podremos asegurar de que estamos en el mar rodeados de agua. Los problemas de los límites los encontraremos en las playas, con las olas, las mareas: donde por la mañana hundes tus pies en la arena, por la tarde buceas entre peces. Aún más: donde pequeño pescabas calamares, ahora hay un puerto deportivo con su centro comercial. Los límites cambian que es una barbaridad, en la playa y en nuestra lengua.

#PalabrasMayores

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Acerca de Cálamo & Cran

Centro de formación para profesionales del lenguaje, la edición y la traducción.
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2 respuestas a Palabras mayores, el libro

  1. Hola. Mi nombre es Mónica, vivo en Mendoza, Argentina. Soy profesora de Lengua y quisiera saber cómo puedo conseguir su libro, ya que me ha parecido divertido y muy pedagógico.
    Espero su respuesta.

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