El germen de lo que soy (mis inicios profesionales en Cálamo&Cran)

A veces no eres consciente de cómo algo que consideras pequeño, insignificante, en tu vida puede marcarla para siempre: el pequeño aleteo de una mariposa puede provocar un huracán veinte años más allá. Algo parecido ocurrió conmigo.

Una vez descartada la docencia, salida a la que gran parte de los filólogos encaminan sus pasos, y ya concluidos los estudios, un recién licenciado en Filología Hispánica trataba de encontrar su primer empleo en el sector editorial. En su mochila, un pequeño curso de pocas horas sobre corrección ortotipográfica y de estilo en una academia de cuyo nombre no quiero acordarme.

Luis y Antonio en el Liber

Luis y Antonio en el Liber

La rutina para los que en aquel entonces buscábamos trabajo era comprar el periódico y mirar los anuncios donde ofertaban empleos. Uno de ellos, un día de septiembre, me llamó la atención: requerían correctores licenciados en Filología o carreras afines para corregir el BOE. “¡Dios santo! Esta es la mía”, pensé. Y para allí fui el día de autos algo nervioso y bastante desorientado a un hotel cercano a la Castellana donde nos habían convocado para una prueba. Yo confiaba en que no fuéramos muchos, pero el gran salón donde nos ubicaron y la cantidad de gente esperando para hacer la prueba me desmoralizó. Muchísima gente y con mucha más experiencia que la mía.

No recuerdo bien qué tal la hice, pero sí que tanto Antonio como Celia tuvieron la deferencia de reunirse después de la prueba con cada uno de los candidatos al puesto. Una vez con ellos y tras las preguntas rutinarias y mis respuestas más o menos acertadas, fueron conscientes de que teníamos un amigo en común (por este amigo sabía que unos locos filólogos habían creado una empresa de servicios de corrección. ¿Y si fueran ellos? No pude evitarlo y jugué esa baza). “¿Vosotros no conoceréis a Ricardo, el astrofísico?” ¡Eureka! Eran ellos.

Finalmente aquella prueba tan concurrida fue en balde, ya que no cuajó el acuerdo para corregir el boletín, pero se acordaron de mí y me propusieron que me acercara a sus oficinas de la calle Abada. Allí me comentaron que de lo del BOE nada, pero que podía formarme con ellos para en un futuro trabajar para Cálamo&Cran. Yo, que aún tenía esperanzas de haber sido seleccionado en la prueba, me vine un poco abajo, pero vi con agrado su propuesta y así empecé a trabajar y aprender el oficio de corrector. Duró poco mi experiencia con ellos porque a las semanas de recalar en Cálamo, otra empresa me seleccionó para corregir sus publicaciones a jornada completa y por una remuneración muy interesante, así que el pensamiento cortoplacista y la necesidad de ganarme cuanto antes la vida, me empujaron a cerrar aquella puerta. Cuántas veces he pensado qué hubiera sido si… Pero al fin y al cabo la vida es decidir, y esa vez tomé la opción más sencilla.

Luego he seguido la trayectoria de la empresa con admiración, en la distancia, pero con cruces inevitables en la carrera profesional (quien se dedica a la edición no puede sustraerse de la labor de Cálamo&Cran).

Mi estancia allí fue breve. Sin embargo, durante esas semanas, confirmé que mi futuro laboral se encontraba en la edición, en la corrección. Desde aquel año 1998 mis pasos no se han separado del sector editorial. Antonio y Celia tuvieron mucho que ver en esa decisión.

De aquel entonces hasta 2015, momento en que me reencuentro en Liber con Antonio, he dado muchas vueltas por diferentes editoriales e instituciones: Trotta, conarquitectura ediciones, el departamento de Publicaciones del Colegio de Arquitectos de Madrid, Residencia de Estudiantes, y posteriormente trabajando como autónomo. Con logobookoliatodo ese bagaje a las espaldas, hace unos meses comencé un nuevo proyecto, bookolia, una editorial que ahora da sus primeros pasos y que pretende tender puentes entre la edición tradicional y la estigmatizada autoedición, con una línea de títulos autopublicados seleccionados y cuidados al detalle y otra línea de títulos por los que apostamos al modo tradicional, es decir, con los costes asumidos por la editorial. Una y otra línea se diferencian en la financiación, si es asumida por bookolia totalmente o es compartida con el autor. Pretendemos ser referente de calidad, de libros cuidados, en las dos líneas. En ello estamos. Desde hace unas semanas contamos además con una plataforma de crowdfunding para que caso de coeditar, el autor tenga un canal de financiación vía preventa. El primer libro que hemos promocionado y con cuya autora hemos colaborado activamente en su difusión, Historias de una pera, ha sido un éxito (la campaña sigue abierta para quien quiera colaborar). Con esta plataforma queremos ayudar a los escritores que quieren contar sus historias y, pese a intentar autopublicar, no pueden realizarlo por falta de recursos económicos.

Para terminar quería agradecer a aquel Antonio con flequillo, pipa y barba perfectamente recortada y a la entusiasta Celia que me “empujaran” por este camino a veces duro pero siempre apasionante. ¡Gracias!

Luis M. Larraza. Antiguo alumno

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Acerca de Cálamo & Cran

Centro de formación para profesionales del lenguaje, la edición y la traducción.
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